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Las Hermanas mirabal (Después de 25 de noviembre)

 
Minerva Mirabal
 
 
 
 
 
 
 
 
25 de noviembre, el terror de la tiranía más brutal había llegado a su clímax. Los cepillos cruzando a todos lados llevaban un mensaje al natural, en puerto plata se reportaba un hecho que toda América repudió sorprendida.
 
 
En la madrugada del 26, doña Chea Reyes viuda de Mirabal, manda a buscar a su hija Dedé, desde Conuco a Ojo de Agua, por que las muchachas no habían regresado. Se sabe que estás habían salido el día anterior a ver sus esposos prisionero en la Carcel de Puerto Plata.
 
Al llegar Dedé se dirige a Salcedo donde en el cuartel le informan que María Teresa y una señora desconocida se volcaron anoche.
 
Patria Mirabal
Entonces Dedé se dirige con su suegra a Santiago, dirigiéndose directamente al Hospital que estaba rodeado de personas que oraban llorosas.
 En todos los rostros había rastro de desesperación.
 
En el interior sobre una camilla que casi rozaban el suelo estaban «Patria y María Teresa exánimes; las ropas raídas, y el cuerpo masacrado; un poco separado de allí estaba, Minerva y Rufino Cruz.»
 

Al entrar la hermana sobreviviente el dolor se hizo mujer, y rodó sus pasos hecha estatua, no hubo en ella espanto, ni asombro era imposible que le cupiera mas en el corazón. Si hubo serenidad sin lágrimas; ya se había agotado el caudal de su conciencia vio a sus hermanas y abriendo el corazón a todos los que observaban aquel espantoso espectáculo mírenlas ¡Me las han asesinados!… muchas personas cayeron desmayadas, ella en cambio se daba la tarea de ayudar a entrarlas en sus ataúdes.

Casa en Ojo de Agua
 
Ya Salcedo sabía la infausta noticia, y cuando la ambulancia estremecía la ciudad con sus sirenas, sólo Salcedo sabe el sentimiento que anegó su corazón.
 
Al llegar a la casa materna, en la puerta de la casa la esperaba la esperaban la madre y parte de los huérfanos «Dime Dedé», exclamó doña Chea ¿Que ha pasado? y ésta contesto «Mamá las tres, tu tres hijas las han asesinado.»
 
No hubo palabras. La madre, silente, es llevada del brazo por otro doliente que tuvo que decirles los nombres, porque, ella, no pudo identificarlas.
 
«El velorio», con una concurrencia en todo el Cibao, se llevó a cabo hasta las 5 de la tarde. A pie se iniciaba la marcha de un pueblo que cargaba a su tres hijas muertas, teniendo que callar su indignación. Es inenarrable la procesión de tres féretros de personas tan enraizadas en la conciencia del pueblo, que iban como si el pueblo mismo fuera a sepultarse.
 
En el templo el cura se acercó a Dedé, para felicitarla por su serenidad , al acompañar sus hermanas.
 
En el cementerio, los féretros fueron puesto en el suelo y destapado, donde Dedé dijo de sus hermanas muertas dirigiéndose al pueblo: «Salcedo, ven a ver a tus hijas que han luchado por la libertad y la justicia». Todos los presentes dejaron caer la última ofrenda de lágrimas, sobre las heroínas muertas.
 
Dedé, le recogió los cabellos a María Teresa y se los recortó con una tijera que había traído en los bolsillos. Al terminar sus manos se llenaron de sangre pues tenía la cabeza destrozada, y mientras eran entradas en los nichos de la bóveda, ésta murmuró: Papá aquí tienes a tu hija que han muerto como tú luchando por tu pueblo.
 
Empero después de la misa, en las tumbas de las mártires , Dedé despedía al público de esta manera: «A todos los compañeros, familiares y amigos que nos han acompañado en este momento de mucho dolor muchas gracias», el pueblo sólo dijo: «Esta es una familia de héroes…».
 
Desde entonces para acá, todo el mundo sabe la historia, pero al pasar el tiempo, siempre pensaremos que existieron y mujeres como estas tres mariposas que dieron todo inclusive lo más sagrado que es la vida y que hoy las vemos izadas en nuestra bandera como una gloria de nuestra patria libre.