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Francisco Henríquez y Carvajal

 

Nació el 14 de enero de 1859, en Santo Domingo, hijo del señor  Noel Henríquez Altías, curazoleño de origen judío sefardí, y Clotilde Carvajal Fernández, era el menor de diez hijos de la pareja.

Realizó sus primeros estudios bajo la tutoría del insigne educador puertorriqueño Román Baldorioty de Castro y, años más tarde, estudió Derecho Romano bajo la orientación de Félix María del Monte. El Derecho Constitucional lo estudió con el sabio educador Eugenio María de Hostos, realizando, además, estudios de Filosofía en el Seminario Conciliar de Santo Tomás en Santo Domingo.

A los 26 años se graduó de licenciado en Derecho en el «Instituto Profesional» y fue diplomado como Maestro Normal algo más adelante. Poco tiempo después se recibió como licenciado en Medicina y Cirugía.

En 1978, conoció a otro gran mentor puertorriqueño, Eugenio María de Hosto, y desde entonces fue su discípulo, amigo y su colaborador en el empeño de reorganizar la enseñanza en Santo Domingo y ajustarla a la pedagogía moderna. Fundó con Pantaleón Castillo la Escuela Preparatoria de acuerdo con el plan de Hosto en 1880.

Contrajo Matrirnonio en ese mismo año con la laureada poetisa Salomé Ureña, que a instancias suyas fundó al año siguiente el Instituto de Señoritas, plantel de enseñanza dedicedo a la educación de la mujer, también de acuerdo con los planes de Hostos, que dirigía la Escuela Normal. Mas tarde la pareja tuvierón  a su hijo Pedro Henríquez Ureña.

Fue al mismo tiempo, secretario del Presidente de la República, que lo era el afamado maestro y orador Fernando Arluro de Meriño, y desempeñó ese cargo de 1880 a 1882, durante los dos años en que correspondió a Meriño el desempeño de tan alta magistratura.

En 1582 obtuvo el diploma de Licenciado en Derecho, otorgado por el instituto Profesional de Srini-o Domingo. Emprendió después el estudio de la medicina y en el propio Instituto obtuvo en 1887 el grado de Licenciado en Medicina. A mediados del mismo año partió para Europa para completar y ampliar sus estudios en la ciencia médica y al cabo de cuatro años la Universidad de París le otorgó el diploma de Doctor en Medicina y cirugía.

De regreso a Santo Domingo se consagró en el ejercicio de su profesión de médico, sin abandonar por ello sus actividades en pro de la enseñanza y la cultura. 

En 1887 se marchó hacia Europa, radicándose en París, Francia hasta el año 1891. En la Universidad de París obtuvo el doctorado en Medicina.

De regreso a República Dominicana ejerció su profesión de Médico, orientándose luego hacia el magisterio. Durante unos seis años fungió como profesor de la «Escuela Normal», fundada por Hostos, y en el Instituto de Señoritas que dirigía su esposa, la educadora y poeta, Salomé Ureña.

También se dedicó al periodismo y fue Director del periódico «El Maestro». Al entrar en contradicción con la dictadura del general Ulises Heureaux, decidió abandonar el país, residiendo durante cinco años en Cabo Haitiano, donde estrechó su amistad con Juan Isidro Jimenes, regresando junto con él al país tras la muerte de Heureaux. Jimenes, designado presidente de la República lo nombró Ministro de Relaciones Exteriores.

En 1901 viajó a los Estados Unidos comisionado por el Gobierno para concertar un acuerdo con los acreedores externos de la República, pero este acuerdo fue rechazado por el Congreso Nacional.

A la caída de Jimenes en abril de 1902, Francisco Henríquez se marchó voluntariamente a Cuba donde fijó residencia, revalidó su título de doctor en Medicina y pasó a ejercer su profesión. Al término del gobierno provisional de Horacio Vásquez en 1903, regresó al país pero volvió a salir siete meses más tarde, resuelto a no regresar. En 1907, sin embargo, aceptó del presidente Ramón Cáceres la misión de delegado ante la II Conferencia de Paz, en La Haya.

En 1911 fue designado por el presidente Cáceres como Ministro Plenipotenciario en Haití, a raíz de las diferencias fronterizas dominico-haitianas. Permaneció en esa nación sólo el tiempo necesario para la concertación de un acuerdo, marchando de nuevo a Santiago de Cuba, donde residía.

Al alcanzar nuevamente la presidencia Juan Isidro Jimenes, este lo designó, junto a Federico Velásquez y el Lic. Jacinto B. Peynado, en una misión diplomática en Washington.

De allí pasó a Buenos Aires como delegado dominicano a la «Conferencia de la Alta Comisión Financiera Panamericana», en abril de 1916. Es en esa ciudad donde le llegó la noticia del primer desembarco de tropas norteamericanas en su país. Salió inmediatamente hacia los Estados Unidos y, presentándose en el Departamento de Estado de los Estados Unidos, protestó contra la ocupación. Luego regresó a Cuba.

Al renunciar el presidente Jimenes en mayo de 1916, el Consejo de Secretarios ocupó el poder ejecutivo provisionalmente, hasta la elección de un nuevo presidente. Los Estados Unidos exigieron que dicho gobernante sustituto debía tener la aprobación del Departamento de Estado. Luego de algunos meses, el 25 de julio se eligió al Francisco Henríquez Carvajal como presidente interino por un término de 6 meses, quien a la sazón se encontraba en Santiago de Cuba, donde recibió un telegrama informándole que, frente a la crisis gubernamental, había sido designado a unanimidad por las cámaras, Presidente de la República, solicitándosele su inmediato regreso a la patria. Regresó para ocupar la presidencia el 31 de julio de 1916.

» Francisco Henríquez Carvajal
defendiendo la bandera
dijo: «¡No pueden mandar
los yanquis en nuestra tierra!»» – Merengue tradicional dominicano 

Las tropas norteamericanas y los agentes intervencionistas impidieron, sin embargo, el normal funcionamiento del nuevo gobierno. Tras una serie de dificultades que Henríquez y Carvajal resistió dignamente, y frente a la resistencia oficial y popular contra las pretensiones norteamericanas, finalmente y por orden del presidente Woodrow Wilson, el país fue puesto oficialmente el 29 de noviembre en estado de ocupación, y sometido al ejercicio de la ley militar de las tropas invasoras.

Tras su derrocamiento, Henríquez y Carvajal salió del país el 8 de diciembre e inició, desde el mismo territorio estadounidense, un peregrinaje de protesta contra la odiosa intervención. Este intenso peregrinaje lo llevó a Cuba, Francia, Dominicana (por breve tiempo en 1921) y Estados Unidos.
Durante el gobierno de Rafael Leónidas Trujillo fue designado Ministro Plenipotenciario en Francia, pero aquejado por sus dolencias, se retiró a Santiago de Cuba, donde falleció el 6 de febrero de 1935 a los 76 años.

El 2 de abril de 1897, Francisco Henríquez y Carvajal escribe, en Puerto Plata, el poema “Al pasar” con la siguiente dedicatoria: “En recuerdo de mi inolvidable esposa”. No había transcurrido un mes de la muerte de Salomé Ureña de Henríquez.
 
 
El texto es el siguiente:
“Ayer no más, cuando en afán perenne
de hallar a tus pulmones nuevo aliento,
en rápido bajel, arrebatados,
posamos nuestra planta en este suelo;
Cuán frescas brisas a bañar tu rostro
bajaron en tropel de la montaña!
Cuál se ensanchaba el horizonte inmenso
a la esplendente luz de la mañana!
“Qué bien respiro” prorrumpiste en gozo;
y al brillar en tus ojos la esperanza,
yo abandoné mi religión de médico
y convertí a los cielos la mirada!
Qué bien respiras! Cuán puro y suave
es el ambiente de esta playa hermosa!
Cuál se derrama la vida en los espacios!
Cuánto es en bien Naturaleza pródiga!
Y el pájaro cantó desde el ramaje
mientras la flor sus pétalos abría;
y nuestros hijos en alegre coro
bulliciosos sus voces esparcían.
Y el mar y la ciudad y la montaña
y el pájaro y la flor y la arboleda
ay! nos hablaban de una dicha estable,
de vida y bienestar, de paz serena…
Mas ah! la noche del dolor, oscura,
inclemente borró toda esperanza,
y tu volaste, como alondra herida,
del maternal amor buscando el ala.
Que nada pudo detener el golpe
del infortunio, de la suerte fiera,
y tú caíste al insondable abismo
acariciada por la sombra eterna.
Hoy cuando vuelvo, peregrino, triste,
mi planta a detener sobre esta tierra,
en vano busco el natural encanto,
todo me anuncia funeral tristeza.
Tan pronto! —Quién creyera!—Silenciosa
la calle; la casita, solitaria;
ni más se escucha el bullicioso coro,
ni tu presides la infantil velada.
Mas yo en mi angustia por doquier te llamo
y en la flor y en el mar y en la montaña
hallo un recuerdo que tu ser revive,
y oigo tu voz que me conmueve el alma!”
Después de leer ese poema elegíaco, surgido del dolor que lacera el alma del hombre aún enamorado, cabe la siguiente pregunta: ¿hay alguna duda de que Francisco Henríquez y Carvajal amara a Salomé? “Al pasar” fue publicado en la revista “Letras y Ciencias” del 29 de mayo de 1897 y reproducido en mi libro “Salomé Ureña ante la patria” (Santo Domingo: Secretaría de Estado de Educación, 2005, págs. 51-53). Invito a leer este libro —sin apasionamiento, con objetividad— a las feministas dominicanas empeñadas en divulgar una versión distorsionada de lo que fueron las relaciones de pareja entre el insigne Francisco Henríquez y Carvajal y la eximia poetisa Salomé Ureña.

Tomado de:
https://es.wikipedia.org/wiki/Francisco_Henr%C3%ADquez_y_Carvajal
http://clio.academiahistoria.org.do/trabajos/clio114/Clio_1959_No_114-04.pdf
https://buenalectura.wordpress.com/2012/04/02/poema-de-francisco-henrquez-y-carvajal/